Cuándo acudir

 

 

No es necesario tener un problema de salud mental o estar enfermo para ir al psicólogo. Por ejemplo, nadie enseña a “ser padres”, y esta puede ser la asignatura más difícil de la vida. A menudo se nos presentan numerosas situaciones estresantes en la convivencia familiar motivadas por no saber dirigir y encauzar los problemas con nuestros hijos. En otros casos son problemas personales generados por la ansiedad y el estrés del día a día los que nos llevan a perder el rumbo de nuestra vida.

Ante este tipo de circunstancias es preciso pedir ayuda y dejarnos orientar por los profesionales para que nuestra calidad de vida mejore.

Dar ese primer paso no es fácil, pero es la puerta de acceso al cambio, mejora y nuevas oportunidades.

 
 

¿Sientes o alguien de tu entorno sufre alguna de estas situaciones?

 

  • Alteraciones en el estado de ánimo y/o cambios repentinos de conducta. Apatía, y desmotivación. Irritabilidad y/o comportamiento desafiante ante la ayuda ofrecida.
  • Nerviosismo ante nuevas situaciones, provocando alteraciones en el sueño, como pesadillas o terrores nocturnos.
  • Problemas para relacionarse con su grupo de iguales, bien sea por ausencia de habilidades sociales o por un desinterés fuera de lo común.
  • Comportamientos difíciles de manejar como la desobediencia, agresividad o un apego o desapego excesivo.
  • Problemas en la escuela, falta de concentración, desmotivación, nerviosismo, bajo rendimiento académico.
  • Tics, obsesiones o trastornos físicos que no tienen una causa médica como dolores de cabeza, problemas dermatológicos, vómitos
    o problemas para controlar los esfínteres.
  • Sentimiento como padre o madre de que no puedes manejarte ante problemas en la convivencia familiar con tus hijos. Sentimiento de culpa y frustración. Sensación de haber llegado al límite sin saber qué hacer.
  • Alteraciones en la conducta alimentaria que repercuten en la salud y/o bienestar de la persona. Anorexia y bulimia nerviosa, ingesta compulsiva, obesidad…
  • Problemas para autocontrolarse emocionalmente. Incapacidad para gestionar y expresar adecuadamente las emociones.
  • Síntomas de ansiedad, miedos y descontrol exagerado, los cuales interfieren en tu vida para desenvolverte adecuadamente en el ámbito familiar, social y/o académico/laboral.
  • Confusión y conmoción ante la pérdida de un ser querido o cualquier situación estresante y traumática dentro del ámbito familiar, social y/o académico/laboral.

 
 
 

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